un proyecto
que surge de entender el inudmento como una segunda piel que registra el paso del tiempo sobre ella
Este proyecto experimental surge a partir de una profunda investigación sobre la cultura japonesa y el papel de las geishas dentro de la sociedad, entendidas no solo como figuras estéticas, sino como cuerpos construidos a través de la disciplina, la tradición y la transformación constante. La geisha encarna una identidad en proceso, moldeada por la repetición, el gesto controlado y la precisión, donde cada práctica deja una huella tanto física como simbólica en el cuerpo.
A partir de esta base, el proyecto explora la relación entre cuerpo, tiempo e indumentaria, entendiendo la prenda como una extensión de esos procesos de construcción.
La indumentaria no solo reviste el cuerpo, sino que lo construye y lo narra.
Las estructuras, los ajustes y las restricciones presentes en las piezas evocan la manera en que el cuerpo es contenido, guiado y transformado, generando una tensión entre control y adaptación. La incomodidad deja de ser un elemento negativo para convertirse en un recurso expresivo que evidencia el paso del tiempo, la disciplina y la permanencia.
Desde lo material y lo formal, la colección propone siluetas que sugieren contención y transformación progresiva, donde las capas, los amarres y las estructuras rígidas dialogan con elementos más fluidos.
Se convierte en un medio para reflexionar sobre cómo las prácticas culturales y sociales moldean la identidad y la percepción de uno mismo.
La piel con el tiempo es un proyecto experimental que busca hacer sentir al usuario atrapado e incómodo en su propio cuerpo.
Bajo el concepto La piel con el tiempo, la colección se plantea como una exploración de la indumentaria entendida como una segunda piel que registra, transforma y evidencia el paso del tiempo sobre el cuerpo. Inspirada en la figura de la geisha, la propuesta aborda la relación entre disciplina, repetición e incomodidad como elementos que construyen identidad, donde la prenda deja de ser un elemento externo para convertirse en un agente activo que moldea la corporalidad.
El concepto se desarrolla a partir de la tensión entre contención y adaptación: estructuras que limitan el movimiento, capas que envuelven el cuerpo y detalles que condicionan la postura y el gesto. Estas decisiones no solo responden a lo estético, sino que buscan evidenciar cómo lo impuesto desde lo cultural y lo ritualse internaliza con el tiempo, transformándose en parte de la experiencia del individuo. Así, la colección traduce la incomodidad en un lenguaje visual y material, donde la prenda narra procesos de permanencia, resistencia y transformación.
La propuesta se materializa mediante la construcción de flechas acolchadas que emergen de la superficie textil como volúmenes que alteran su lectura plana. Estas formas no son arbitrarias: surgen de la reinterpretación y deformación de simbolismos clásicos de la cultura japonesa, alejándose de su representación literal para dar paso a una nueva lectura más abstracta y contemporánea. En este proceso, el símbolo pierde su rigidez original y se somete a tensiones formales que lo expanden, lo distorsionan y lo resignifican.
El acolchado introduce además una dimensión táctil y corporal, reforzando la idea de una superficie que se expande y se contrae, que presiona y se impone sobre el cuerpo, evocando nuevamente la incomodidad presente en el traje de la geisha. Las flechas, en este sentido, pueden interpretarse como direcciones, tensiones o fuerzas que atraviesan la prenda, guiando o limitando el movimiento, y haciendo visible esa relación entre control y adaptación.
De esta manera, la intervención textil no solo funciona como un recurso estético, sino como un medio para traducir conceptos culturales y corporales en la materia. El textil se convierte en un espacio donde el símbolo, el cuerpo y el tiempo convergen, evidenciando procesos de transformación en los que lo tradicional se configura desde lo contemporáneo, y donde la incomodidad se vuelve un elemento narrativo fundamental.
En cuanto a las ilustraciones, estas se construyen a partir de la decisión consciente de ocultar el rostro, desplazando la atención hacia la prenda y el cuerpo como principales portadores de significado. Al eliminar la expresión facial tradicionalmente entendida como el núcleo de la identidad y la emoción, se propone una lectura en la que es el cuerpo quien asume el rol narrativo, convirtiéndose en el medio a través del cual se comunica la experiencia.
Esta decisión dialoga directamente con el concepto de “la piel con el tiempo”, ya que enfatiza cómo la identidad no reside únicamente en el individuo, sino también en las capas que lo recubren, lo moldean y lo transforman. El cuerpo, condicionado por la estructura de la prenda, comienza a expresar tensión, incomodidad y adaptación a través de la postura, el gesto y el movimiento limitado, evocando la experiencia del traje de la geisha.








El cuerpo se convierte en un lugar inhabitable, y la ropa en cuerdas que moldean.
Un indumento realizado por mi, dandole vida mi musa Paula Guerra a través de los ojos de Dylan Rodríguez con un maquillaje artísitico realizado por Sofia Aldana
@p_aa_uu_l_a @_dyroooooooooo @soffzzd